El edificio todavía estaba allí

Category : Simpatías, Utopias Oct 10th, 2015

Todos soñamos. Todas las noches.  Pasamos por esos escenarios y situaciones construidos a base de recuerdos y sensaciones. Un viaje alucinante por nuestra psique por cortesía de nuestro proceso nocturno de ajuste químico-sináptico.

Bueno, vamos al grano. Cuando desperté el  otro día tenía un recuerdo muy nítido de mi recorrido por el país de Morfeo, y en ese paseo me topé con un edificio que no había visto nunca antes por una sencilla razón: no existe.

Así que, aprovechando que al despertar aún lo tenía fresco en mi memoria, lo bosquejé y me entretuve analizándolo y apuntando notas. Y como quiero terminar de sacarlo de mi cabeza, compartirlo con vosotros por aquí me parece la mejor opción, ya que la otra sería construirlo a escala, y como no creo que en la cumbre vaya a haber un encuentro en la tercera fase, pues no me rinde.

Volverse así de loquer no era una opción. 

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La historia del sueño:

Por alguna razón que he olvidado en el sueño estaba de viaje por una ciudad indeterminada del norte de España (estoy casi seguro que era Santander).

Al parecer sobre los años 20 esa ciudad había vivido una especie de etapa política de corte socialista pero a lo utópico (con falansterios y esas cosas). Pero en la actualidad de ese tiempo solo quedaba como reclamo de turistas un barrio “cultural” que había sido edificado en esa época. Recuerdo vagamente el centro de la juventud, que más bien parecía una estación de autobuses de pueblo y el Museo Popular del Greco, que se se parecía extrañamente al edificio del Ministerio de Sanidad.

Bueno, en esto que estaba por el sueño paseando en un coche con chófer (ni en sueños sé conducir) cuando apareció el protagonista de todo esto.  Este es el edificio del que quiero hablar. 

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La enorme fachada  de sobrias líneas racionalistas era lo primero con lo que me topé. Estaba construida en ladrillo industrial que el paso de los años había oscurecido y que le daba una aspecto decadente como el de los edificios con los que aún te puedes topar en los viejos barrios industriales. Solo una cenefa de ladrillos en inglete como pequeña decoración estructural, junto con las letras con tipografía decó en piedra blanca con el nombre de la institución: CASA DEL PUEBLO. Ah, y para rematarlo, unas buenas puertas de acero de más de cuatro metro de alto para imponer estilo. 

Y ahora viene la locura.

Sí, eso que asoma no es parte de la fachada, ¡es una pirámide! Para ser más exactos, una pirámide truncada (no acaba en punta) y escalonada, como las precolombinas, de unos 14 metros de altura por unos 40 de base, construida con el mismo ladrillo que el resto del edificio. 

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Como ya he dicho antes, iba en coche y no me bajaba en ningún momento, pero gracias a esa especie de omnisciencia que tenemos en los sueños ya conocía de antemano la CASA DEL PUEBLO, y tenía una idea muy clara del edificio. Vamos, como si lo hubiera diseñado yo mismo…

(Más locura)

De esta manera sabía que mediante accesos en las torres se podía bajar a un nivel inferior (sótano) donde se hallaba una sala de exposiciones con objetos de arte y regalos oficiales donados por otras ciudades. Las dimensiones de la sala eran tan amplias como la planta del edificio. Allí los  visitantes se topaban con la sorpresa de mirar al centro del techo y encontrarse con que la pirámide en realidad estaba hueca. Vamos, una cúpula rara.

La verdad es que ese día le tocaba a mi cerebro limpiar el archivo c:/simbolismo/cosas raras. Torres, pirámide, salas subterráneas, proporciones desproporcionadas… Bueno, cosas más raras hay dentro de mi cabeza, pero he de reconocerle a mi subconsciente que original ha sido un rato.

Más o menos puedo explicar el origen de ciertos elementos: el color de los ladrillos de las casas viejas de mi barrio, las torres del Colegio Miguel de Unamuno al que fui de peque, y la tipografía de la Imprenta municipal, uno de mis edificios favoritos de Madrid. La función de la CASA DEL PUEBLO como exhibición permanente de regalos oficiales creo que viene del cómic Pyongyang de Guy Delisle, en concreto del momento en el que el protagonista es llevado de visita turística a este sitio

Eso sí, ni rastro del origen de la Gran Cúpula Piramidal. Ahí ya me pierdo. Pero fue divertido soñarlo y escribir todo esto porque nunca sabré si tendré la oportunidad de hablar otra vez  de un edificio que he visto pero que no existe y espero que no exista jamás. 

 



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